lunes, 28 de mayo de 2012

LA VIOLENCIA EN LA ESCUELA O LA DEFORMACIÒN DE NUESTRAS NUEVAS GENERACIONES




Lic. Edinson Pedroza Doria*

Estamos en el siglo XXI; siglo de cambios radicales en todos los frentes de la sociedad, especialmente en ciencia y tecnología. Asimismo, se han cambiado algunos de sus valores fundamentales por otros que dejan que desear y pensar. Valores añorados por muchos integrantes de la anterior generación, quienes ven como se derrumba la cultura que soportaba sus costumbres.

No obstante lo anterior, hay defensores acérrimos de estos cambios radicales, que expresan sin recato como sólido argumento aquél de que los grupos sociales merecen tener su identidad acorde a su época. Tal vez tengan razón en cierto sentido. Pues no se debe negar que el respeto y la tolerancia a las diferencias nos hacen más humanos. Nadie niega eso ni el más obtuso de los mortales. Pero habría que analizar la otra cara de la moneda; la que no ve con buenos ojos el desmoronamiento de principios y valores tan sustanciales como el respeto al otro, especialmente el generacional y la tolerancia.

Hoy, uno de los problemas más evidente en escuelas y colegios es la violencia de alumnos hacia docentes y viceversa y de alumno a alumno, llámese ésta, matoneo o como se le quiera decir. Ni el adulto al menor ni éste al adulto. Problema que trasciende la academia y permea la formación de las nuevas generaciones. He aquí uno de esos cambios.

Pareciera que la escuela, otrora espacio de convivencia y armonía, se convirtió en un campo de batalla. Pero no el deseado por los soñadores de una escuela para la batalla del intelecto y la creatividad a través del disenso, la discusión, la investigación, el estudio y el debate de las ideas, sino el de los golpes, el amedrentamiento, la discordia, la vulgaridad y el irrespeto.

La escuela dejó de ser la tribuna del saber y se convirtió en la hija de menos madre. Ahora es territorio de pandillas y bandas juveniles que se disputan la hegemonía sin que directivos y docentes puedan hacer algo por direccionarla y encontrarle su verdadero rumbo histórico. Pues la normatividad es laxa y no acepta que se corrija y se sancione ejemplarmente, sino que se realice el cacareado debido proceso. Acción que trasciende toda la actividad de la escuela, ejerciendo la connivencia con la impunidad y el amedrentamiento entre sus integrantes: maestros con miedo de ser golpeados y alumnos con el temor de perder sus vidas a la salida de sus actividades.

Aunque se sabe que todos tenemos el derecho a defendernos, mucha veces este debido proceso es caldo de cultivo para el ensañamiento hacia lo inadecuado y malintencionado. A diario se percibe en las calles: riñas, atracos e irrespeto entre adolescentes. Esto es, el reino de la contravención de los mínimos principios de civilización.

Los maestros ante esa situación sólo atinan a mantenerse a la espera de un milagro, pues ya no hallan el respaldo ni de padres ni de administradores de la educación. Todo se mantiene en datos estadísticos y porcentajes de violencia escolar, sobre- diagnosticada, y de cobertura como si el ser humano en formación no requiriera de corrección ejemplarizante, sino aceptación y asentimiento de sus acciones incongruentes de la civilidad como algo normal, así éstas contravengan la convivencia y los derechos de los otros.

Esa violencia, quizás, sea el producto o la consecuencia de muchos factores exógenos que van mucho más profundamente de la raíz de esta enfermedad endémica que sufre nuestra sociedad. Es decir, la consolidación de una cultura violenta que prima en cada uno de los espacios donde se realizan socializaciones humanas. Para ilustrar se tienen: los programas de radio y televisión con temáticas y lenguaje chabacano y rebajado; prensa escrita que destila sangre y pornografía a borbotones; administraciones de toda índole corruptas y dilapidadora de los intereses comunales; sacerdotes, padres, políticos, médicos, abogados, ingenieros,… violentadores de los mínimos principios, entre muchos otros por estudiar o señalar. Una descomposición social y familiar asfixiante que asesina lentamente a nuestras generaciones y al país.

Otro ejemplo sería el de las Unidades Administrativas Locales de Educación (UNALDE), antes denominados núcleos educativos, empeñadas en defender a ultranza comportamientos atípicos de alumnos sin conocer los motivos de fondo, que realizan recomendaciones descriteriada con el único objetivo de mantener cuotas de permanencia de estudiantes en el sistema, para que la nación les gire los dineros a las administraciones distritales, importándoles un reverendo comino la integridad de alumnos y docentes.

Sin embargo, esta aseveración no quiere decir que se viole el derecho a la educación del niño o del adolescente, sino que se deben buscar otros correctivos por fuera de la escuela, puesto que esos actos violentos verdaderamente sí atentan contra el bien común; el de los otros, los que si desean aprender y tener movilidad social.

Asimismo, habría que mirar con lupa los ejemplos cotidianos que reciben nuestros niños y jóvenes a través de los diferentes referentes que les sirven como elementos formadores; pues la escuela no es la única que educa. Ya se ha dicho que la familia, la iglesia, la comunidad, los medios, entre otras instancias también configuran la cultura del ser humano.

Lo anterior, según mi parecer, se podría afirmar con más ilustraciones que multiplican la violencia. Tal es la permisividad de las normas que legitiman con sus articulados la defensa de la infancia y la adolescencia, no obstante las infracciones cometidas por éstos no sólo contra los maestros sino también contra sus mismos compañeros dentro y fuera de la escuela, para de esta manera configurar, si no se pone talanquera, la delincuencia del futuro.



Aproximación crítica a la práctica pedagógica descalificadora de la autonomía y la libertad del ser humano en la universidad.




Por: Lic. Edinson Pedroza Doria*

“Gran parte de las dificultades que atraviesa el mundo se debe

 a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes, llenos de dudas”

Bertrand Russell



Los conceptos y la praxis  de la enseñanza, el aprendizaje, el conocimiento y la investigación analizados desde cualquier óptica de pensamiento, siempre van a tener importancia no sólo para los maestros o quienes fungen como tal, sino también para aquellos que desconocen la pedagogía. Esos  conceptos o pilares, llamémoslos así,  son las bases de la educación y sin ellos no habría acción pedagógica. Esto es, el porqué y para qué de la educación como filosofía de la existencia social.
Según mi percepción, son conceptos trascendentales para  quien se precie de ser maestro. Porque si desconoce los soportes pedagógicos y epistemológicos de su quehacer, sería como trabajar sin las herramientas requeridos para su labor. Es más, nunca habrá desarrollo en el proceso formativo si existiese apatía hacia esas conceptualizaciones fundamentales.

Sin embargo, no todo es color de rosa. Creo que todavía no se ha hecho un análisis sesudo de las incidencia del desconocimiento de los fundamentos anteriores en las personas dedicadas a “enseñar”- léase “instruir” actualmente-. Solamente se enuncian, mas no se les analiza con la cordura requerida. Tanto es, que en algunas universidades, autoproclamadas templos sagrados del conocimiento, aún no se han dimensionado ni en sus generalidades ni particularidades estas conceptualizaciones y se han quedado estáticas, sin hacer una reflexión crítica ante la crisis que atraviesan.  Y si la han hecho permanecen inexorablemente inmersas en un silencio cómplice, motivados  por la molicie  de sus actantes. Es decir, la ley del facilismo ha sido su accionar.

Igualmente,  se podría afirmar que se ve en ellas una educación que le hace el juego a la mediocridad hegemónica del establecimiento, olvidando su rol sociocultural y optando por la reiteración de información  como si el conocimiento no se construyera con el diálogo, la confrontación de tesis, la investigación y la reflexión crítica de sus actores. En este caso los docentes y los discentes, y sólo se materializara repitiendo lo que el otro dice o hace. 

En algunos contextos universitarios no existe el disenso, la discusión, la polémica. Todo ha caído en la aceptación pasiva de ideas vacías y débiles sin el peso específico de la reflexión madura e inteligente. La universidad se ha convertido en una caja de resonancia de la permisividad del “dejar pasar, dejar hacer” y el deterioro del pensamiento.

Sería bueno revisar las prácticas pedagógicas inmersas en los claustros académicos para dimensionar los alcances de una transformación de esta realidad globalizada, donde tal vez no tengamos cabida, sino para consumir sin  producir nada que aliente la transformación de la praxis. Si de  investigación se trata, se puede decir que los trabajos, aparentemente novedoso, no son más que cita de citas de lo que otros piensan o dicen. Afirmaciones enmarcadas en una realidad lacerante y desesperante que subyuga la creatividad  ¿Estaremos signados por el determinismo de una cultura poco dada al pensamiento crítico, pero apta para el facilismo y la ley del acomode? habría que preguntarse si somos maestros o muñecos de ventrílocuo de unos sistemas excluyente e invisibilizadores.

No obstante lo anterior, ante esa cruda y palmaria realidad,  se puede afirmar que todavía existen docentes, si se les puede nominar así,  con el prurito de pensar que hacer clases no es más que decir lo que dicen los textos sin ahondar en su análisis. Asimismo, creen que la lectura y la escritura, entre las otras habilidades lingüísticas y comunicativas, son cosas que le competen únicamente a los docentes de lenguaje, de comunicación o de humanidades. Consideran estas eminencias que dichas habilidades no son importantes en y para la preparación de los nuevos profesionales. Tal vez creen que la formación humanística no hace al nuevo profesional más humano, más amante de la existencia y de la vida, sino que es cosa de tiempos clásicos ya superados. El creer que la tecnología y la ciencia excluyen lo humanístico permite que tengamos una camada de profesionales deshumanizados y artificiales, que sólo se preparan para el “tener”. Miran la lectura y la escritura como trabajo extra.

En muchos casos, la lectura y la escritura se asumen  como un aditivo a su “trabajo” supuestamente pedagógico. Mirada obtusa y descriteriada, contraria a los mejores preceptos de la pedagogía holística, como también de la didáctica y de la metodología del lenguaje, entendiéndose éste último como la capacidad poseída por el ser humano para significar y comunicar. Entonces, ¿cómo representan sus estudiantes esas significaciones, representaciones y simbologías de los saberes impartidos? ¿Será a través de unas representaciones salidas del espacio exterior? No sé, habría que iniciar una aproximación para conocer esa otra realidad que subyace en la nueva academia.

Cabe destacar que infinidades de veces me he preguntado ¿qué enseñante no maneja en sus clases la oralidad, la escucha, la lectura y la escritura, entre otras dimensiones lingüísticas y comunicativas? Las respuestas pueden ser múltiples. Quizás  se ofrezcan desde percepciones que se tengan del aprendizaje y de la enseñanza como actividades angulares de la universidad. Pero, se debe comenzar a analizar que no todas pueden ser tomadas como ideales para el tipo de hombres y mujeres requeridos por esta sociedad homogeneizadora. En mi concepto, se requieren seres pensantes y desalienados, que catalicen sus capacidades para crear, innovar,  hacer y aplicar ciencia y tecnología desde sus prácticas laborales sin olvidar la esencia de la existencia. De allí la importancia de leer y escribir críticamente con un sentido elevado que sobrepase los niveles más bajos por los que atraviesan nuestros jóvenes universitarios, y quizás muchos “maestros”, y se inicie un proceso de investigación donde se lea para investigar y se investigue leyendo y escribiendo con los pies en la tierra.

No debemos olvidar que muchos  docentes han sido formados en escuelas de pensamiento rezagadas ante las exigencias de esta época. No se han dado cuenta que la sociedad no es la misma de antaño, que la escuela – Universidad -  no debe  instruir, sino formar integralmente al ser y construir saberes a través de la investigación. Pero para realizar estas actividades se debe leer y escribir con el pensamiento puesto en la realidad. Estos profesores anquilosados y descontextualizados, fenecen lentamente y se les puede decir  metafóricamente  que son una  talanquera para la movilidad social de un país urgido de personas bien estructuradas para el desarrollo y el progreso. 

Como un elemento para ilustrar lo anterior, analicemos un poco de historia. Se puede encontrar que en  siglo XVIII se impuso la reforma más radical en  la historia de la educación: la escolarización obligatoria. “los niños  entre cinco y trece años debían  asistir a las escuelas, construidas por el Estado. Allí́ se ponían en práctica los principios de la producción industrial. Los alumnos se sentaban mirando al profesor, símbolo de la autoridad absoluta,  quien los atiborraba de información y propaganda, a fin de “cargar” de datos sus cabezas, como si se trata- se de canecas vacías”. Quizás aún algunos docentes practiquen lo mismo, queriendo detener el tiempo y manejando un poder excluyente e invisibilizador de las potencialidades de los seres humanos.

Es hora de discernir y comenzar a vislumbrar otras luces en el túnel donde nos encontramos. No se puede amarrar el tiempo sin analizar el daño que se comete cuando se castran las potencialidades de las nuevas generaciones por el empecinamiento en hacer lo que no se debe hacer, una practica educativa para el subdesarrollo, y América no puede darle la espalda a librepensamiento y a la liberación, ya ofreció su cuota de sacrificio y merece desalienarse.

Por último, es bueno manifestar que el conocimiento, el aprendizaje y  la enseñanza no  deben ser  actividades  vistas fuera de su esencia transformadoras,  que solo sirven para llenar espacios de tiempo con ideas iteradas una y otra vez, creyendo que por osmosis entre los estudiantes, sin planeación y sin estrategias puntuales se pueden transformar las estructuras mentales de jóvenes y adultos. Es el momento de mirar lo que se puede hacer cambiando la tradición de la información por actividades de lectura, escritura, reflexión, discusión e investigación serias y con sentido pedagógico.  El conocimiento total de la didáctica, la  metodología y la pedagogía son la piedra angular de una buena  práctica docente, claro si se practican sin discriminación.

Recordemos que enseñar no es pararse ante un grupo y llenarle la cabeza de aserrín con fechas, fórmulas y recetas que supuestamente  benefician su desarrollo cognitivo y cognoscitivo. Enseñar es catapultar las capacidades del ser humano sin imposición ni coerción. No es pertinente creer que la instrucción por si misma   hace grandes cosas para transformar la realidad. Puesto que esa  percepción es muy grave, porque coartar   la libertad y la autonomía del ser humano no son el sentido de la educación.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pensemos con seriedad la escuela y la educación del siglo XXI

Reflexionando sobre la importancia de la escuela y la educación en la sociedad, comencé a analizar que aún en el país no hay una claridad meridiana sobre éstas, no obstante las múltiples percepciones e investigaciones sobre el tema. Todo se queda en buenas intenciones y del papel no pasan.
Actualmente se dan infinidades de capacitaciones, congresos, simposios y foros nacionales e internacionales, y aún seguimos sin tener una postura propia que posibilite aunar esfuerzos para trascender el pensamiento anquilosado del discurso insustancial de pedagogías extrañas a nuestra realidad. Sin descartar que el conocimiento deba poseer una visión universal que responda a la certeza y a la verdad que dignifique la condición del ser humano, nos equivocamos constantemente. Pervivimos en un aletargamiento y nuestro discurrir es monótono.

Entonces, esas buenas intenciones no trascienden más y todo se diluye en el ocaso del olvido a través de normas y exigencias descriteriadas.

Las primeras preguntas surgidas y que deben ser respondidas por la sociedad, el magisterio y los gobiernos son: ¿Cuál es la verdadera función de la escuela: la enseñanza y aprendizaje de conocimientos disciplinares o suplir lo que otras instancias sociales no hacen o, por el contrario, les compete ambas cargas de responsabilidad? ¿Puede la escuela suplir funciones y falencias de los demás entes sociales para combatir el pandillismo, la drogadicción, el sicariato, la prostitución infantil y juvenil, entre otros problemas, por medio de planes y programas trazados desde administraciones descontextualizadas de la realidad?¿ No es esto mucha responsabilidad? ¿Entonces, dónde quedan los conocimientos básicos de los saberes disciplinares para que niños y jóvenes puedan aprender y generar un desarrollo socioeconómico y podamos tener una vida digna?¿Dónde quedan las responsabilidades de la familia, del estado, de la iglesia, de los medios y de la clase dirigente en la educación de las nuevas generaciones? ¿Si la escuela además de preparar para la vida, también es el espacio para la adquisición de los rudimentos del conocimiento científico, entonces por qué se desvirtúa con la súperexigencia a los maestros y directivos escolares de labores que se desbordan más allá de sus capacidades profesionales?

Se podrá afirmar que los retos de la época son estos, pero, en mi opinión, la educación escolar y la labor docente se pierden, quedando a un lado su sentido y funcionalidad.

De otra parte, no hay que olvidar que el conocimiento generado actualmente en todas las disciplinas ha aumentado considerablemente por las diferentes investigaciones y descubrimientos. El profesional del ahora, ya no maneja la enciclopedia cognoscitiva de hace unas décadas; igualmente, los problemas de ahora no son los mismos de los niños y jóvenes de hace unas décadas atrás. Entonces, ¿por qué no dosificar las responsabilidades y comenzar a trabajar interdisciplinariamente desde y con cada área de conocimiento por la estructuración de una sociedad justa y equitativa? ¿Por qué no delegar esas otras funciones a quienes correspondan como entes sociales también comprometidos con la formación integral del individuo?

La cuestión, en mi concepto, es que no hay unos criterios bien definidos en las políticas estatales y todos los actores, sin saber sobre la materia, quieren dejar su rúbrica, haciéndose protagonistas de una causa que excluye a quienes deberían debatir sobre la temática. Es bueno que todos aportemos, pero quienes deberían discurrir en la materia son los maestros y quienes investigan la educación, la pedagogía, la sicología, el lenguaje, la filosofía, entre otras áreas humanísticas.

Lastimosamente en el país todos somos toderos;de allí que no haya un norte definido hacia donde podamos dirigir la barca. Aquí se requiere un compromiso social, ético y profesional, en todas las órdenes, que vislumbre y posibilite una transformación en el actuar de las políticas educativas.
Hoy se puede hablar de planes decenales, de programas para erradicar el analfabetismo, de padrinazgos internacionales, de menciones, premios, medallas y pergaminos rimbombantes de la educación, pero si no tenemos un sentido pertinente de lo que deseamos y cómo lograrlo, se hará imposible materializar los sueños de progreso y desarrollo, y el país seguirá sufriendo las consecuencias de administraciones técnicas superficiales, que no contribuyen al bienestar de las gentes que, al final, es la esencia de todo lo que se hace.


¿LA SOCIEDAD DE LA TENCOLOGÌA O DEL CABIZBAJISMO?

Por Edinson Pedroza Doria*
“El que no sabe que no sabe, es un necio, apártate de él;
el que sabe que no sabe, es sencillo, instrúyelo;
el que no sabe que sabe, está dormido, despiértalo;
el que sabe que sabe, es un sabio, síguelo.”
Proverbio árabe.
El hombre a través de la historia ha desarrollado la ciencia y la tecnología, entre otros saberes, con el objetivo de satisfacer no solo algunas necesidades vitales, sino también para el consumo hedonista, pues su intencionalidad es hacer de la existencia terrenal algo chévere y placentero, sin mucho sacrificio físico. Esa es la idea, realizar el menor esfuerzo en las diversas actividades.

El interrogante surge debido a una reflexión que me he hecho últimamente por las actitudes de mis estudiantes cuando están en sitios diferentes a las clases y se centran en aparatos como audífonos, celulares, Ipads y minicomputadores. Difícil y complejo abordarla de un tirón y darnos explicaciones absolutas, puesto que somos seres humanos y somos impredecibles. Además, pueden manifestar, ante la pregunta del qué hacen, que realizan sus trabajos o consultas, dándonos unos desparpajos inmerecidos. Sin embargo, no podemos evadir la pregunta sin detenernos a pensar el porqué se incrementa esta cultura o forma de vida, no obstante la utilidad de la tecnología.

Ante este planteamiento, el de valerse de ese “conjunto de conocimientos técnicos, ordenados científicamente, que permiten diseñar y crear bienes y servicios que facilitan la adaptación al medio ambiente y satisfacer tanto las necesidades esenciales como los deseos de las personas”, ¿qué le queda a la sociedad? Ella ha hecho de la tecnología su ama y señora. Pero, su abuso indiscriminado está creando una cultura acrítica y perezosa mentalmente. El juego electrónico, el chat sin sentido, la escucha de música en audífonos, el abuso o manía de mirar constantemente el Blackberry o el celular, son apenas muestras de esa costumbre, que lenta y soterradamente se apodera de comportamientos humanos, creando una “cultura” generalizada de jóvenes distantes de la realidad-real, pero viviendo una realidad-virtual más llamativa para ellos, en apariencia.
Un grueso número de personas, sobre todo jóvenes, son esclavos y siervos del abuso de la tecnología; sometiéndose voluntariamente sin tener alternativa de salir de esa encrucijada, pues es su decisión y están en plena libertad de hacer lo que les plazca, sin que haya óbice para ello. Ni sus padres pueden hacer recomendaciones, ya que sería una afrenta para su libre desarrollo y su privacidad.

Habría que analizar lo que sucede actualmente con ese uso indiscriminado de la tecnología. Caso especial, la utilización del BlackBerry. El abuso de este aparato está creando una sociedad dependiente de él, que sería bueno llamar, “Sociedad de los cabizbajos”. Jóvenes acríticos que inmersos en el chateo o juego, poco a poco pierden el sentido de la realidad y se evaden, alienándose cada vez más de su contexto. Presas fáciles de una sociedad mercantilizada donde el tener es lo primordial, no importando el ser ni el “otro”. Cultura ególatra e insustancial por lo insensible ante los problemas del hombre y la sociedad.

Tal vez quienes crearon estos aparatos tecnológicos no lo hicieron para que existiese esa dependencia, sino para facilitar la comunicación entre aquellas personas que lo requerían. No obstante, la realidad es otra. El poco interés por la formación intelectual, por vivir la ley del acomodo y de la farándula, son sus ideales de existencia; igualmente, la falta de iniciativas por cambiar esa actitud, asumiendo un dejar pasar, dejar hacer, socavan la estructura de una sociedad en vía de desarrollo como la nuestra. ¿Estaremos por siempre metidos en la “cárcel del subdesarrollo”?, como decía el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri.
Se podrá argumentar que eso sucede en cualquier parte del mundo. Sí, es verdad. Pero no todos debemos estar en el redil que nos imponen. Cada nación crea la posibilidad de soñar una sociedad ideal y nosotros no podemos desechar esa premisa que la regla de la vida nos encomienda. No sé si me equivoque. El progreso de una nación está en la salud mental de su comunidad, en especial la joven.

Podrán caer rayos y centellas y expresarse que existen otros problemas más graves, pero esta dependencia genera duda y me hace pensar que así nos convertiremos en borregos de una tecnología hecha por otros para someter, pues como se dice “La actividad tecnológica influye en el progreso social y económico, pero su carácter abrumadoramente comercial hace que esté más orientada a satisfacer los deseos de los más prósperos, consumismo, que las necesidades esenciales de los más necesitados, lo que tiende además a hacer un uso no sostenible del medio ambiente. Sin embargo, la tecnología también puede ser usada para proteger el medio ambiente y evitar que las crecientes necesidades provoquen un agotamiento o degradación de los recursos materiales y energéticos del planeta o aumenten las desigualdades sociales. Como hace uso intensivo, directo o indirecto, del medio ambiente biosfera, es la causa principal del creciente agotamiento y degradación de los recursos naturales del planeta”.

Esa es la realidad y como seres autónomos, con el libre albedrío para pensar, sería bueno que comenzáramos a soslayar alternativa de solución a este grande y tremendo problema de salud mental y comportamental. Creo que desde la escuela, sin despotricar contra la tecnología, debería iniciarse un trabajo de concientización de los pros y contras de este flagelo universal: la cultura del “cabibajizmo”. Pues así como las drogas lesionan las estructuras sociales, esta cultura maniaco-obsesiva provocará su metástasis entre pocos años, haciendo de nuestra juventud una horda de insensibles y fríos seres humanos.

martes, 25 de mayo de 2010

DE LA MATERIA PRIMA A LA MATERIA GRIS O VISIONES DE UN SOÑADOR.

Autor: Edinson Pedroza Doria
RESUMEN
Los cambios realizados en casi todas las actividades humanas han traido como consecuencia nuevas formas de ver y sentir el mundo. Ya no hay que esperar tanto tiempo para recibir noticias lejanas; a la vuelta de la esquina está un café-internet que te pone en contacto con quienes deseas. La tecnología ha transformado todo; entonces, imaginémosnos la ciencia¿Cuánto agua no ha corrido por debajo del puente, desde que comencé a escribir todo esto? Por eso, las cosmovisiones que circulan en el mundo informatizado se deben respetar; ya la primacia de la razón como mera explicación de lo que sucede debe revisarse y comenzar a analizar las otras visiones para no quedar anquilosados en el pretérito y creer que hay una unidimensionalidad explicativa del mundo; ese mundo que existe sin que tengamos que dejar de amarlo. Todo ha cambiado; es hora de comenzar a pensar que el conocimiento también ha cambiado.


Todo, todo está transformado. El pensamiento y la ciencia han permitido que las sociedades vivan inmersas en constantes cambios radicales. La cultura, la familia, los valores en general y cualquier actividad humana, no están exentas de esta realidad. Entonces, los relatos que explican o intentan explicar las verdades se quedan cortos y comienzan su decadencia y desmoronamiento para darle paso a otras cosmovisiones, a otras formas de explicarse la realidad. En sí, eso está bien y permite que haya una polifonía de apreciaciones, consolidando las concepciones de respeto e igualdad, el surgimiento de otras formas de hacer las cosas y de pensar, y permitiéndonos sacrificar el establecimiento calmado de lo aceptado. La ciencia y la tecnología van a millón. Lo que no se puede tolerar es la forma como intentan homogeneizar a la gran masa. Los líderes se empoderan de las conciencias de sus súbditos y los someten a sus caprichos, construyendo una sociedad alienada y subordinada.
Sin embargo, el individuo, aquél que no está preparado para esas variaciones por no haber sido educado para los abruptos cambios de la realidad, y creo que nadie está preparado para eso, se encuentra en un vacío, en una oscilación pertinaz, que lo hace débil y maleable ante las adversidades. Quizás eso es lo que evidenciamos actualmente. ¡Quién no esté capacitado para esto, fenece y se hace excluir por sí mismo! El conocer es la herramienta del poder.

El discurso de la razón quedó anclado en el espacio y el tiempo, pasándole el balón, en lenguaje coloquial, a la incertidumbre, al desespero de no tener algo con lo cual soportar los puntos de vista y percepciones. Un hálito de incredulidad se fija y vehicula los comportamientos y actitudes desesperados, consolidando posturas postizas y facilistas que responden a circunstancias del momento y no a verdaderas posiciones coladas por el pensamiento. Nacen relatos emergentes sin el debido soporte argumentativo para resolver momentáneamente el ahora; los individuos se dejan arrastrar por la moda, lo “IN”, y crean aparentes y sólidas respuestas a los problemas. Se vive del momento, mas no se vive para la trascendencia de la existencia. En otras palabras se vive, pero no se existe.
¿Pero, qué hacer ante esa situación? Pregunta comprometedora y retadora que conlleva respuestas espinosas que, aunque sean aceptables, merecen ser discutida por quienes tienen la misión de hacerlo: todos los que han salido o intentan salir de la minoría de edad. Aquellos que fundamentan el valor agregado del conocimiento para transformar lo que es lesivo y nocivo para la naturaleza, el hombre y la sociedad.

Sí, vivimos una encrucijada sin poder definir ni decidir hacia dónde enrumbar la barca. Se ha vuelto muy pesada la responsabilidad. Pero, en mi concepto, la posible solución está en cada uno de nosotros cuando concertemos a través del diálogo abierto, sincero y honesto, cada una de las soluciones vislumbradas sin imponer ni descartar ninguna por muy ilógicas que parezcan. El planeta, la naturaleza, el mismo hombre está en peligro y aún se sigue discutiendo bizantinamente sobre nimiedades, rayando en la estupidez. La respuesta debe ser de todos; nadie puede quedarse por fuera de las exigencias que se tienen que hacer. Es una condición de los tiempos creer en el conocimiento y el pensamiento en su complejidad; puesto que las aristas aparentemente innecesarias podrían solucionar muchos problemas para esta gran máquina que gira sin que nadie la pueda detener.

Quizás, parodiando a alguien, esa pluridiversidad de puntos de vista es lo que hace que la complejidad adquiera su esencia en este contexto. Complejidad que quiebra la hegemonía unidimensional que preponderaba en la sociedad de la razón. Si el racionalismo se ha equivocado en el pasado por hacer a un lado las otras visiones que no se soportaban en ella, es hora de concitar la unión y el estudio de los problemas desde todas las perspectivas habidas. Ninguna debe parecer hegemónica ni debe ser aceptada como tal. La sensibilidad es más útil ante la diferencia y permite que haya capacidad de aguantar las adversidades. La sociedad necesita creadores, inventores y soñadores para desaletargarse y reiniciar su reencuentro con sus orígenes.

domingo, 23 de mayo de 2010

Para Key, mi milagro

Una sonrisa tejida con el encanto
de los ángeles eres tú, hija mía.
De lo más hondo de mi pecho brota
a borbotones la frase calmada para
decirte que te amo como se ama una vez
en esta vida.

Key, mi sueño.
Mi delicioso sueño
de encantos sonoros,
paseas por el crepúsculo de mis días
con los pasos alocados de tus catorce años.

Te llevo en mi oración
sagrada como el talismán gris
de mis abuelos.

Key, cómo decirte que el mar perdió su
encanto cuando naciste aquella segunda vez.
Eres el milagro que alguien soñó en su pasado.
No eres amor; eres la esencia del todo y la nada.
Conjunción sembrada de vida.

Ríe como sólo tú lo haces, mi Key.
La inocencia te eleve
como la gaviota que surca mis cielos distantes.
Ebrio de amor por tí, hija mía,
cuando te veo llegar
con tu desmesurado secreto de la ansiedad divina.

Oh, mi Key.
Mi amorcito hecho canción de cuna.
Eres mi razón y mi todo.
Mi hija, mi Key.
La reina de ilusiones
reflejadas en el aire de este tiempo
que palapita cada día en mi existencia.

Ahora, tú eres su continuación.
Tú, hija mía.
Te toca el secreto de cubrir
con tu inocente voz, la voz de mi madre.
Key, mi Key.
Mi niña consentida,
mi hija.

sábado, 22 de mayo de 2010

Los dioses ríen cuando se divierten

Constantemente, cuando nos ocurre una contingencia, la bendita culpa se la achacamos a alguien; pero esta vez, quizás porque nos hemos acostumbrado desde nuestra infancia a creer en un ser superior, a él le arrojamos en su cara todas las vicisitudes que nos ocurren. Esa siempre ha sido la excusa: Dios así lo quiso y no se puede hacer nada. Nos volvemos infames con ese Dios creado por nosotros. Contra él no podemos luchar en nuestro periplo terrenal, pero lo usamos para excusarnos como si fuera nuestra tabla de salvación. Dios está allí para salvarnos. Lo utilizamos como cualquier objeto para luego arrojarlo a un lado y olvidarnos totalmente de él; ha sido cosificado de tal forma que se ha convertido en un juguete o comodín que resuelve nuestros problemas.

El que tenga ojos que lea y el que lea que interprete, pues como lo dice Luis Antonio Restrepo en el prólogo de Arte y Filosofía del maestro Estanislao Zuleta,"Toda lectura verdaderamente seria tiene que ser actividad interpretativa; en una palabra tiene que ser un taller. Si la lectura no tuviera la posibilidad de ser transformadora sería una de las actividades más extrañas y estúpidas que hubiera inventado la cultura humana". Sí, por eso recurro a esta ideas para manifestarles algo muy pertinente que debemos tener presente cuando de conocimiento y pensamiento se hable; no obstante, sin ser epistemólogo ni filósofo ni mucho menos, me gustaría expresarme para no callar lo que pienso.

Creo, y estoy más que seguro, que la actividad pensante no es exclusiva de estas personas como tampoco a ellos debemos todo el andamiaje cultural de nuestra sociedad. Pues, como dicen las malas lenguas, tanto la filosofía como la historia ha sido escrita y socializada desde una postura política de poder hacia los demás.Luego entonces, si el hombre es crítico por naturaleza, no debería someterse a las percepciones de aquellos que quizás no ha conocido y menos cuando muchas ideas ya han cumplido su ciclo de existencia y no tienen la validez necesaria para seguir empleándose. Esto no quiere decir que no debamos apreciar las percepciones de ellos, pues la historia de la filosofía merece respeto y consideración como tal, porque ha sido fundamento conceptual para el desarrollo y el progreso del hombre y de la sociedad. No obstante, nadie posee la verdad revelada como tampoco se puede permitir que se subyugue el pensamiento de unos, imponiéndose el de otros. Tal vez ese ha sido el equívoco de la humanidad de estar repitiendo frase vanas y huecas sin el sentido y la relación precisa con la realidad.

En sí, partamos de la apreciación que se tiene de conocimiento y que revela lo que desde entonces, desde la antiguedad, se entiende por tal. El conocimiento es una formalización científica del pensamiento sistemático, puesto que refleja una lógica y una metodología en su materilización. En mi concepto, eso es lo que permite desabrozar la realidad circundante. Entonces, el hombre para convencer que posee ese conocimiento de la realidad, en este caso su verdad, debe demostrar que lo que él percibe y considera desde su pensamiento es su verdad y para tal efecto debería crear unos sistemas de explicaciones y deducciones, que a partir de axiomas y demostraciones vayan confirmando que dice lo que dice, porque ha utilizado su argumentación para tal objetivo. Es decir, si no demuestra que tiene sentido y significado lo que manifiesta, su verdad no es más que huevo vacío. La verdad no se impone a través de la fuerza, la verdad se demuestra y punto.

De lo anterior se desprende que cuando se posee la capacidad de demostrar con solidez una verdad no se puede recurrir a la imposición vertical y excluyente de quien maneja esa apreciación. La ciencia y su conocimiento no son autoritarias; son conciliadoras de la demsotración. Ciencia es sinónimo de libertad; nadie puede imponer su verdad a través de la tiranía y la vehemencia dogmática. Pues, la piedra angualar de la libertad del individuo es la contradicción de puntos de vista; nadie, desde cualquier valoración científica puede hacer que los otros se pleguen a sus criterios, puesto que ya no sería ciencia, sino otra cosa diferente.

Estas palabras para hacerlos caer en cuenta que si están defendiendo una postura considerada científica deben respetar las otras apreciaciones. Recuerden, piensen por sí mismos para que la autonomía y la libertad los hagan libres y los dioses puedan reiarse de las payasadas divertidas de quienes abusan de sus confianzas. Igualmente, rían para que el disfrute sea eterno, puesto que la ignorancia podría ser la incapacidad, en el fondo, de saber que no se sabe, y si somos ignorantes constantemente estaremos tras la búsqueda del conocimiento sin necesidad de estar apelando a las verdades de los otros. No es necesario el dogma para tener nuestra verdad, ya que coartamos a que los otros puedan expresarse libremente en un campo de combate dialógico.

Ríamos para que nuestro circo siga circulando a través de los tiempos y la hegemonía de la especie humana no fenezca sin la huella eterna de nuestras carcajadas.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

Cavilaciones para después del desayuno.

¿Y entonces? Cae como una piedra en el alma, la bendita palabra iluminada de sonidos ancestrales. Todo es oscuro hasta el cansancio de tus ojos; pero las palabras fluyen y es lo último que puedes salvar del cataclismo universal del egoismo.

Llevas tus silencios arrastrados a todas partes. Son tu carta de presentación, aunque digan que eres histrión, no me lo creo porque el dolor del alma es fuerte y sabe a muerte. Detrás de tí hay unos ojos endemoniados que se esconden para ocultar su podredumbre. No sé. Tal vez se esfuman con tus gases hediondos, dejando una estela de incertidumbre de esta realidad inexplicable y lenta que va lamiendo tu tiempo. Ahora,cuando se exprimen tus lágrimas de viento y poco a poco inundan los vacios de silencios, veo que atoradas están tus ideas y las palabras no se dejan aguzar por la premura del infierno terrenal que late en cada arteria principal de esta hedionda ciudad; mi ciudad amurallada. Son palabras que laten, quizás sin tener la culpa de su nacimiento, pero quien las lanza sabe cuál es su intención. Horrenda aventura que intenta escaparse de su dueño y fracasan en su empresa.
Exaspera verte decir estupideces con bonitas frases. Leve resonancia de decir nada y no decir nada. De intentar amarrar lo inexistente con tus frases. Eres nada; sólo eso eres, nada.