domingo, 23 de septiembre de 2012

LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN EL SIGLO XXI





Me place saber que aún hay personas que opinan con un marcado sentido social y no se quedan en la superficialidad. Tal es el caso del columnista Alonso Sánchez Baute, quien escribió hace días un texto sobre la lectura en un periódico de la costa. Creo que es diciente e invita a pensar, aunque pueda haber algunos que no alcancen a vislumbrar la intencionalidad de su texto y no lo trasciendan porque no poseen las herramientas conceptuales para inferirlo.
Sí, la actividad lectora trasciende lo literal. El texto solicita del lector actos cognitivos complejos que muchas veces no se realizan por  pereza mental, creada y alimentada cotidianamente; o también, porque no existe la preparación para abordarlos y asimilarlos. Aquí todos tenemos culpa: la familia, la iglesia, la escuela, el estado, la comunidad, los medios, entre otros actores sociales. Es hora de resarcir esa gran falencia histórica. Quizás con programas o con campañas que muchas veces no son evaluadas para saber si hubo o no beneficios, pero que pueden ser aprovechadas por los “ingenieros sociales”, los maestros, para sacar provecho de ello y generar una cultura por y para la lectura y la escritura críticas.
Leer, ¿para qué? Se piensa que es una actividad más para pasar el tiempo de ocio o para responder preguntas en los exámenes. Esas son actividades de las muchas que pueden realizarse con la lectura. Sin embargo, si se analiza con sindéresis se hallará su significado, sentido y funcionalidad social, cultural y científica. Leer es dialogar con los tiempos; intercambiar ideas, rumiar el texto, trabajarlo, comprender e interpretar. No es repetir. Es una construcción de dos seres que debaten y combaten para no dejarse vencer el uno del otro. Leer para la rebelión y la revelación.
No se puede seguir en “la cárcel del subdesarrollo”. El conformismo y la desidia quizás sean los artífices de una sociedad aletargada por los mass-medios. Tal vez la brecha cognitiva y cognoscitiva entre una clase y otra, si verdaderamente hubiera un política lectoescritural, no existiría, puesto que  sería una ficción. Pero, el abismo es inmenso.
Nuestra permisividad por aceptar la mediocridad nos hace muy endeble para contrarrestar los verdaderos intereses de gobernantes, que miran con desdén a quienes no nacieron con abolengo ni dinero.
Hace días un profesor renunciaba a su cátedra universitaria, tal vez simbólicamente, para poner el dedo en la llaga de nuestro sistema educativo. Esta situación debería analizarse en doble vía: desde la percepción del maestro como la de sus estudiantes. No sé si ellos se manifestaron. Allí se aprecia la reiteración o el sobre-diagnostico que desde hace décadas se hace de niños y jóvenes colombianos: nuestros niños y jóvenes no saben leer. El famoso cuento del gallo capón.
El problema radica en la forma como se trata la enfermedad. En un documento del lingüista Noam Chomsky “Diez Estrategias de Manipulación” que utilizan para hacernos ovejitas, se percibe que las distracciones recibidas cotidianamente se emplean para desviarnos la atención de “los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en todas las áreas del saber. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, sin ningún tiempo para pensar” es la estrategia. Cualquier parecido con nuestra realidad es pura coincidencia.
Asimismo, la estrategia del estimulo de lo mediocre “Promover al público a creer que es “La moda” ser simple, estúpido, vulgar e inculto. Instando a tratar como a “Bicho raro” a quien piensa más de la cuenta. ¿Irónico, no?”. Es una de las estrategias más empleada por la televisión. En este caso, quien piense diferente hay que excluirlo o desaparecerlo; es enemigo y no debe vivir. ¿Irónico, no?

BACANTES Y PLAÑIDERAS DEL PAIS DEL “TODO PASA Y NADA PASA”







Si mal no estoy, en el siglo V a.C, en la Grecia clásica, emergieron las Bacantes, ese grupo de mujeres adoradoras de Baco, que les rendían tributo al dios del vino; de manera similar, en el “País del todo pasa y nada pasa”, surgieron los seguidores y adoradores del pensamiento de un  “Seudo Gran héroe”, con la diferencia que éstas no danzan ni disfrutan los momentos de éxtasis, sino que lloran amargamente. En ese país amnésico y adormecido, que intenta levantarse y caminar como Lázaro, pero que no lo dejan porque no conviene que se descubra a sí mismo, estas impúdicas lanzan improperios y expresiones infundadas contra aquel que ose oponerse a su héroe.
Ese “Seudo Gran héroe”,  modelo de persona que no deja de molestar, no obstante encontrarse en uso de buen retiro, después de haber desangrado y engañado a esa nación, tiene a sus áulicos y bacantes, cual canario montuno y silvestre, comiendo diariamente con trinos disonantes. Pero lo que más llama la atención de esto es la similitud que posee la actitud de éste con aquellos héroes trágicos. Araceli Laurence, en  Locura y destrucción en el teatro griego clásico, escribe Los héroes trágicos, en general, tienen muchos puntos en común con los locos: son destructivos, se matan a sí mismos y matan a otros, se enceguecen y dejan ciegos a otros. Los héroes trágicos ven las cosas de un modo particular, solo ellos tienen esa visión: Antígona rechaza a su hermana Ismene porque no ve las cosas como ella, la primera es una heroína, la segunda, no”. Pareciera que el tiempo se hubiera detenido en ese espacio para estar asistiendo a la escenificación de una gran tragedia griega donde los locos intentan ser dioses o algo así por el estilo.
Sin embargo, no deseo realizar un estudio histórico sobre las Bacantes porque no sería ecuánime con su aporte al desarrollo de una de las manifestaciones del arte escénico, sino hacer un cuadro comparativo entre ellas y un grupo de Bacantes más actualizadas y estilizadas que diariamente aplauden y vitorean a su “Seudo Gran héroe” como si éste fuera el culmen de la intelectualidad y la síntesis del pensamiento equilibrado. Esto es, Bacantes disfrazadas de, lobos blancos y lobas negras, tigrillos, monos, orangutanes, eunucos y seudointelectuales con ánimo de sobresalir y desempeñar papel protagónico sin tener un ápice de materia gris para discernir entre el bien y el mal, o de, mínimamente,  ser capaces de no beber la amargura o ese icor de dios olímpico que destila por la herida, su “Seudo Gran héroe”,  para no ser considerados idiotas útiles a una causa perdida desde hace rato.
Aunque hay una diferencia enorme entre unas y otras. Mientras esas mujeres gozaban de su dios con sus danzas y orgías extáticas; los seguidores acríticos del “Seudo Gran héroe” pierden el placer de gozar por estar ofreciéndole éste a su líder. Inmersos en su idolatría se adormecen no enterándose que amaneció hace rato y que la terrible noche cesó, mostrando que se cometieron desplazamientos, violaciones, desapariciones, invisibilizaciòn, persecución y asesinato sin el menor recato ni sensibilidad ante hijos, hermanos, madres y esposas. Que el día llegó y los rayos solares alumbraron una realidad que hace ser conscientes a sus ciudadanos de la importancia de la reconciliación.
También  se puede comparar a este grupo de personajes paranoicos con el de las tradicionales plañideras. Mientras las plañideras muy llorosas y expresivas no sabían cómo ni qué decir cuando perdían a sus seres queridos; las plañideras del   “País del todo pasa y nada pasa” se dedican a despotricar, desde todos los medios habidos, contra todo lo que huela a pueblo. Un coro quejumbroso y suplicante se eleva al Olimpo pidiendo el castigo eterno a quienes se opongan a sus percepciones e ideas; pues, no les gusta ni la paz ni las reformas ni mucho menos el bien para los demás, sino la ley del embudo y la connivencia con lo ilícito y oscuro. Claro, hay que aclarar que las  diferencias entre unas y otras, cuando se dan eventos diferentes, es muy enorme.
Por ùltimo, es bueno anotar que el término plañidera tiene la denotación, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, de  “Mujer a la que se pagaba por ir a llorar a los entierros.”. Teniendo además  los consabidos sinónimos de llorona, suspirante, sollozante. Asimismo, se enuncia la acepción  de plañidero como lastimero, suplicante, llorón, quejumbroso, quejica, etc. Se trae a colación esta comparación para ilustrar metafóricamente la situación que se da entre los seguidores del Seudo Gran héroe” y los hechos y eventos de ese país enfermo por la peste del olvido.
Referencia
Laurence, Araceli, Locura y destrucción en el teatro griego clásico:   http://www.ucm.es/info/especulo/numero38/locuragr.html