Si mal no estoy, en el siglo V a.C, en
la Grecia clásica, emergieron las Bacantes, ese grupo de mujeres adoradoras de
Baco, que les rendían tributo al dios del vino; de manera similar, en el “País del todo pasa
y nada pasa”,
surgieron los seguidores y adoradores del pensamiento de un “Seudo Gran héroe”, con la diferencia que éstas no
danzan ni disfrutan los momentos de éxtasis, sino que lloran amargamente. En
ese país amnésico y adormecido, que intenta levantarse y caminar como Lázaro,
pero que no lo dejan porque no conviene que se descubra a sí mismo, estas
impúdicas lanzan improperios y expresiones infundadas contra aquel que ose
oponerse a su héroe.
Ese “Seudo
Gran héroe”, modelo de persona que no deja de molestar, no
obstante encontrarse en uso de buen retiro, después de haber desangrado y
engañado a esa nación, tiene a sus áulicos y bacantes, cual canario montuno y
silvestre, comiendo diariamente con trinos disonantes. Pero lo que más llama la
atención de esto es la similitud que posee la actitud de éste con aquellos
héroes trágicos. Araceli Laurence, en Locura y destrucción en el teatro griego clásico, escribe “Los héroes trágicos, en general, tienen muchos
puntos en común con los locos: son destructivos, se matan a sí mismos y matan a
otros, se enceguecen y dejan ciegos a otros. Los héroes trágicos ven las cosas
de un modo particular, solo ellos tienen esa visión: Antígona rechaza a su
hermana Ismene porque no ve las cosas como ella, la primera es una heroína, la
segunda, no”. Pareciera que el tiempo se hubiera detenido en
ese espacio para estar asistiendo a la escenificación de una gran tragedia
griega donde los locos intentan ser dioses o algo así por el estilo.
Sin
embargo, no deseo realizar un estudio histórico sobre las Bacantes porque no
sería ecuánime con su aporte al desarrollo de una de las manifestaciones del
arte escénico, sino hacer un cuadro comparativo entre ellas y un grupo de
Bacantes más actualizadas y estilizadas que diariamente aplauden y vitorean a
su “Seudo
Gran héroe” como si éste fuera el culmen de la intelectualidad y la
síntesis del pensamiento equilibrado. Esto es, Bacantes disfrazadas de, lobos
blancos y lobas negras, tigrillos, monos, orangutanes, eunucos y
seudointelectuales con ánimo de sobresalir y desempeñar papel protagónico sin
tener un ápice de materia gris para discernir entre el bien y el mal, o de,
mínimamente, ser capaces de no beber la amargura
o ese icor de dios olímpico que destila por la herida, su “Seudo Gran
héroe”, para no ser
considerados idiotas útiles a una causa perdida desde hace rato.
Aunque
hay una diferencia enorme entre unas y otras. Mientras esas mujeres gozaban de
su dios con sus danzas y orgías extáticas; los seguidores acríticos del “Seudo Gran
héroe” pierden el placer de gozar por estar ofreciéndole éste
a su líder. Inmersos en su idolatría se adormecen no enterándose que amaneció
hace rato y que la terrible
noche cesó, mostrando que se cometieron
desplazamientos, violaciones, desapariciones, invisibilizaciòn, persecución y
asesinato sin el menor recato ni sensibilidad ante hijos, hermanos, madres y
esposas. Que el día llegó y los rayos solares alumbraron una realidad que hace
ser conscientes a sus ciudadanos de la importancia de la reconciliación.
También
se puede comparar a este grupo de
personajes paranoicos con el de las tradicionales plañideras. Mientras las
plañideras muy llorosas y expresivas no sabían cómo ni qué decir cuando perdían
a sus seres queridos; las plañideras del
“País del todo pasa
y nada pasa” se dedican a despotricar, desde todos los
medios habidos, contra todo lo que huela a pueblo. Un coro quejumbroso y
suplicante se eleva al Olimpo pidiendo el castigo eterno a quienes se opongan a
sus percepciones e ideas; pues, no les gusta ni la paz ni las reformas ni mucho
menos el bien para los demás, sino la ley del embudo y la connivencia con lo
ilícito y oscuro. Claro, hay que aclarar que las diferencias entre unas y otras, cuando se dan
eventos diferentes, es muy enorme.
Por ùltimo, es bueno anotar que el término plañidera tiene la denotación,
según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, de “Mujer a la que se pagaba por ir a llorar a
los entierros.”. Teniendo además los
consabidos sinónimos de llorona, suspirante, sollozante. Asimismo, se enuncia
la acepción de plañidero como lastimero,
suplicante, llorón, quejumbroso, quejica, etc. Se trae a colación esta
comparación para ilustrar metafóricamente la situación que se da entre los
seguidores del “Seudo Gran héroe” y los hechos y eventos de ese país enfermo por la peste del olvido.
Referencia
Laurence, Araceli, Locura y destrucción en el teatro griego
clásico: http://www.ucm.es/info/especulo/numero38/locuragr.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario