domingo, 16 de mayo de 2010

Reflexiones para reflexionar

" Enseñar a leer y producir textos es, primero que todo, un acto ciudadano de profundo humanismo"
Josette Jolibert

El epígrafe lo dice todo; no podemos desligarnos de nuestra condición de maestros del mundo, por eso analicemos la lectura y la escritura como las dos habilidades que debemos enseñar desde nuestro quehacer diario con nuestros niños y jóvenes para modelarles su función de ciudadanos de este siglo.

De la lectura se ha escrito tanto y aún hay muchas cosas por expresar de ella.Es decir, por mucho que trate de abarcarse de un sólo tajo, sería díficil abordarla y definirla con la precisión requerida y necesaria. La lectura se desliza lentamente en nuestro mundo y poco a poco va mostrándose como una herramienta trascendental para el hombre del siglo XXI; ya dejó de ser mirada como el "Cocó" de todos los que desean estudiar. Ahora se mira como la primera estrategia para llegar al conocimiento. Se estudia, se analiza desde todas las perspectivas científicas: la semiótica, la sicolingüística, la neurolingüística, entre otras ciencias. Sin embargo, es buenos manifestar que ese proceso hermenéutico no sólo se da con los textos impresos, sino también con cualquier otro sistema simbólico que sea configurado por el hombre: la moda, las imágenes, el baile, los peinados, los colores, entres otros signos y símbolos deben ser leido para poder interactuar en este mundo globalizado.

Haciendo una aproximación más interesante, digamos que el proceso lector es una actividad intelectiva que pasa por dos estadios: la comprensión y la interpretación. El primero, desde una visión piagetiana, no es más que una asimilación y acomodación de la nueva información a la estructura cognitiva del lector. Proceso de reconocimiento y asociación que funge como conocimiento. La interpretación, sin embargo, va más allá y se entiende como el proceso mediante el cual el lector se empodera de la información, se apropia de ella y ,de manera creativa, la exterioriza, haciéndola suya y ofreciéndole un toque personal la socializa y la pone a circular como suya. Sí, leer es trabajar arduo y parejo. No hay nada regalado; comprendemos e interpretamos acorde a las necesidades y motivaciones personales. Según el maestro Jurado Valencia, los encunciados que se materilizan en la textura del escrito " son representaciones del sentido, o de la significación, que deben su existencia a quien los produce y a quien los interpreta".

De otra partes, sin extendernos hacia otras cosmovisiones, tengamos presente lo planteado por De Zubiría " leer es la tercera macrohabilidad más compleja del intelecto humano", puesto que en esta habilidad artificial se involucran más de 19 competencias, escalonadas en seis niveles de complejidad creciente. Sin entrar en detalles; la lectura pasa por: el nivel de intelección donde la afectividad juega papel esencial para lograr la meta propuesta durante la lectura; también un segundo nivel relacionado con la motivación, pero más específico con el manoseo del texto: lo instrumental y subjetivo de la lectura: información relievante, subrayado, etc. El tercer nivel es cognitivo, se sacan las ideas más importantes, se sacan los macropensamientos y se transcriben ideas. El cuarto nivel está enfocado a lo cognitivo,igualmente, pero el lector se apropia de vínculos escondidos, hace inferencia de lo no expresado en el texto, permitiéndose ir más allá para hallar la macroestructura o eje temático del texto; el quinto el lector ensaya, se desprende de su yo interior y comienza el complejo mundo de la escritura como habilidad aprehensible a través de la praxis cotidiana, y por último nos hallamos en el nivel metatextual, nivel donde las valoraciones, la crítica y la postura personal son la piedra angular para que el lector demuestres su competencia creadora y manifieste su pensamiento.

En síntesis, ese proceso dialógico que se nos ofrece cuando realizamos cualquier lectura no debe ser pasivo; se debe convertir en una actividad placentera y llena de experiencias que conciten la estructuración de una sociedad preparada para su liberación. La lectura nos libera de las ataduras de la ignorancia, permitiéndonos ser autónomos y libres para trascender la cotidianidad alienadora y excluyente de los tiempos.

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